El Sínodo de la Familia es de trascendental importancia para analizar las realidades presentes bajo la luz de la fe, para que propicie la santificación y transformación de las personas, las familias y la sociedad de acuerdo a las enseñanzas de Jesucristo. Sigamos orando y ofreciendo sacrificios y mortificaciones para que sus conclusiones nos conduzcan a una gran conversión a Dios.
La familia es el nicho privilegiado de felicidad cuando cuenta con respeto, consideración, cuidado mutuo, amor, compromiso, unión, sobre todo cuando se le permite a Dios reinar en los corazones de sus integrantes, para que con la ayuda de Él, nuestro egoísmo, nuestra inestabilidad afectiva, todos nuestros defectos y pecados y los de los miembros de nuestra familia, se conviertan en amor.
Considero que el primer reto es propiciar la conversión a Dios. Sin Él, sin una mirada trascendental en nuestra vida, sin su amor en nuestro corazón, nos movemos en un terreno muy inestable y los retos de la familia nos cuesta mucho asumirlos con la grandeza de corazón que se requiere. Amar a Dios sobre todas las cosas es unirnos a Él, darle todo nuestro ser, para que podamos vivir de acuerdo al bien, a la justicia y al amor.
Otro reto importante, es darle trascendencia a las relaciones conyugales, a las relaciones íntimas, llevarlas sólo al ámbito matrimonial. Son la base de la intimidad, de la comunión entre la pareja, son la fuente de los hijos. Ocupan un lugar valioso en la salud física, mental, afectiva y espiritual de las personas.
La banalización a la que hemos llevado el tema, permitiendo la utilización de la sexualidad como medio de consumo y de desfogue de pasiones, nos ha llevado a que se pierda más la pureza y la capacidad de amar, desde la más temprana edad. Se vive con más irresponsabilidad en los aspectos relacionados, creyendo que el problema está en tener más anticonceptivos o contraceptivos a la mano, llegando hasta permitir el asesinato en los vientres maternos de los seres más tiernos y especiales y no tomamos conciencia de cómo estamos desnaturalizando lo más valioso y noble que es la relación conyugal y su fruto natural: los hijos.
Las lecturas de hoy nos recuerdan que: “Todo lo podemos en aquel que nos conforta”, que “el Señor es nuestro Pastor” y nos prepara un maravilloso banquete, en el que enjugará nuestras lágrimas y borrará todo mal, incluso la muerte, y nos invita a que nos pongamos el vestido de la “gracia”, arrepintiéndonos de nuestros pecados y cambiando de acuerdo a su amor.
Que el Espíritu Santo que todo lo recrea y lo hace nuevo, nos ayude a ponerle orden a las realidades de nuestra vida y a nuestra familia y nos mantenga muy unidos a Dios.
Autor: JUDITH ARAÚJO DE PANIZA, Economista, orientadora familiar y coach personal y empresarial.
